de la verdad y los rezos

enero 12, 2018 Comentarios desactivados en de la verdad y los rezos

Aun cuando el padre no sea sin el hijo (y viceversa), lo cierto es que como hijos no podemos hacer otra cosa que dirigirnos al padre, aun cuando este por sí mismo esté lastrado de impotencia. No cabe dirigirse a la relación. De hecho, esta es la dificultad cristiana, pues el creyente cuando invoca a Dios no invoca la perijóresis trinitaria. Necesita imaginarse un padre espectral que le escucha tras el muro. Quizá esta sea la razón por la que históricamente el cristianismo ha navegado entre dos aguas, la de la devoción religiosa y la del kerigma, según el cual no cabe un estar ante Dios que no sea un estar ante los crucificados en su nombre. Y quizá por esto mismo, para salvar los muebles de la devoción, la cristiandad terminó concibiendo a Dios como los pintores del barroco: como si dos personas físicas, de hecho tres, estuvieran esperándonos en el cielo.

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