esa sórdida necesidad

febrero 23, 2018 Comentarios desactivados en esa sórdida necesidad

Oscar Wilde fue un profeta de nuestro tiempo. Su De profundis puede leerse como un alegato en favor de la independencia personal. En concreto nos habla del tener que liberarse de “esa sórdida necesidad de vivir para los demás”. Ciertamente, el sufrió en sus carnes, debido a su homosexualidad, la brutal presión de la opinión. Y por eso mismo no concibió otra libertad que la de la sublimación estética, acaso el modo moderno de alcanzar ese dominio de sí al que aspiraba el sabio de la Antigüedad. Uno debería poder estar por encima de su circunstancia. Sin embargo, esta elevación no se entiende hoy en día como un estar por encima de uno mismo. Al contrario. De lo que se trata, en realidad, es de ser fiel al propio deseo. El sujeto moderno tiene serias dificultades para distinguir entre lo que desea intensamente y lo que en verdad quiere. De hecho, no los distingue. Pues tan solo podemos querer en nombre de aquello o, mejor dicho, aquel que se encuentra fuera de nosotros mismos, en última instancia, por encima. Y esto fácilmente lo experimentamos, aunque equivocadamente, como una pérdida de libertad. De ahí que modernamente estemos en las antípodas del desideratum cristiano de “ser para los demás”. Es verdad que en teoría se sigue predicando esto último, incluso en la cancha pública, la cual no se compromete, como sabemos, con ningún ideal religioso. Nadie puede, sobre el papel, desatender su compromiso con el bien común. Pero de hecho se publicita, literalmente, el dictum de Oscar Wilde. El mensaje es claro: ponte tus airpods y baila como si no hubiera prójimo. Ahora bien, como las meigas gallegas, haberlo, haylo.

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