Galilea

marzo 18, 2018 Comentarios desactivados en Galilea

Jesús de Nazareth pasó por ser un farsante, salvo para quienes le siguieron. De hecho, las escrituras parecían avalar el diagnóstico. De Galilea no puede salir ningún profeta. Galilea era el territorio de la chusma. Y ya se sabe que la chusma es incapaz de elevarse a la altura de Dios. Es como si hoy alguien nos dijera que hay un quillo de Lavapiés que dice hablar en nombre de Dios. No creo que le prestásemos mucha atención. Así pues, difícilmente captaremos el alcance del kerigma cristiano, mientras sigamos creyendo que Jesús se paseaba por Galilea con la túnica impoluta. Un Dios encarnado —un Dios que reconoce a Jesús como su quien, un Dios que aún no es nadie sin la entrega del hombre— es un Dios que se hace mierda, por decirlo así. Pues la entrega del hombre a un Dios que no puede hacer más que guardar silencio, aun cuando ese silencio exprese el clamor de Dios por el hombre, es una entrega sin Dios mediante. Como si no hubiera Dios. Como si solo pudiéramos abandonarnos a Dios donde hemos sido reducidos a la mínima expresión de lo humano, a nuestra condición de criaturas. Y es que lo que queda del hombre donde ha sido depojado de cualquier aparente dignidad es, sencillamente, un resto, materia excremencial, aunque un resto que aún es capaz de invocar a Dios o, mejor dicho, que solo es capaz de ello. De hecho, Jesús muere hecho una mierda. Que cristianamente confesemos que ese mierda es el quien de Dios no deja de ser un escándalo para quienes aun se imaginan a Dios como un ente que permanece inmaculado en las alturas a la espera de la purificación del hombre.

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