viernes santo

marzo 30, 2018 Comentarios desactivados en viernes santo

El Mal insiste. E insiste porque cree que Dios está de su lado. Los genocidios —iba a escribir los grandes genocidios, pero no hay genocidio que no sea monstruoso— siempre se perpetraron en nombre de nuestras mejores palabras. De ahí que la tentación sea la de arrancar el mal de raíz. Frente a la venganza, la reconciliación no puede evitar el temor de que aquellos que son indultados vuelvan a la carga. Para que no lo hicieran tendrían que haber dejado de creer en lo que creyeron. Y ya se sabe que el martirio es una vocación. Literalmente. Pero donde apuntamos a la raíz, el mal simplemente cambia de bando. La paz debe pagar el precio de la desmovilización y, por tanto, de la increencia. Ahora bien, un mundo sin fe es un mundo de bolas de billar, un mundo en el que los hombres se limitan a reaccionar, en modo alguno a responder. Existimos así trágicamente, atrapados entre órdenes incompatibles. O paz o verdad. Ciertamente, cabe un cierto equilibrio. Pero este se consigue ignorando nuestra impostura. Pues si hay paz es porque los hombres dejan de tomarse en serio lo que acaso deberían tomarse en serio. A lo sumo creerán que creen, pero no creerán. No parece, por tanto, que haya solución. O al menos una solución que esté en nuestras manos. Como dijera Martin Heidegger hacia el final de sus días, únicamente un Dios puede salvarnos. Sin embargo, debería ser un Dios capaz de comulgar tanto con las víctimas como con sus verdugos. Un Dios, sin duda, desconcertante, por no decir de escándalo.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo viernes santo en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: