desde fuera

abril 1, 2018 Comentarios desactivados en desde fuera

Visto desde fuera, el kerigma cristiano no deja de ser un absurdo. Que Dios resucitara a un crucificado de entre los muertos y que este fuera, ni más ni menos, que su Hijo, engendrado desde el origen de los tiempos, es algo difícil de tragar para las entendederas modernas. De ahí el esfuerzo numantino de tantos creyentes hoy en día por traducir el mensaje. Como si en el fondo, los primeros cristianos hubieran querido decir, en un lenguaje que ya no puede ser el nuestro, lo que hoy deberíamos poder decir de otro modo. Sin embargo, la experiencia original va con el lenguaje que la acuñó. No es posible traducir esa experiencia sin falsearla. Traducirla supondría reducirla. Como reduciríamos la experiencia de los amantes si dijéramos que esta, en el fondo, no es más que un acuerdo entre quienes se desean intensamente. Quizá se trate de comprender mejor qué proclamaron en realidad los testigos de la resurrección y qué tipo de ruptura supuso, aunque no fuera inmediatamente, con respecto a lo que se entendía habitualmente por Dios. Pues puede que el cristianismo no sea lo que parece, una religión entre otras. Cuando menos, porque un Dios que se identifica con un abandonado de Dios no parece homologable al de la típica creencia religiosa. De hecho, si podemos ser aún honestamente cristianos es porque venimos de la ruptura cristiana. En cualquier caso, el esfuerzo por hacer inteligible el kerigma exige una nueva generación de padres de la Iglesia que demuestren, por decirlo así, que el cristianismo no es una superstición, a pesar de las apariencias. Pues de lo contrario, de aquí nada el cristianismo será objeto de estudio como lo pueda ser actualmente la cosmovisión de los antiguos chamanes.

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