ebionitas

abril 11, 2018 Comentarios desactivados en ebionitas

Los ebionitas fueron, en los primeros tiempos del cristianismo, aquellos que creyeron que Jesús era un hombre de Dios, pero en modo alguno Dios. Los ebionitas —del hebreo ebion que significa pobre— estaban convencidos de que lo que se trataba es de seguir el ejemplo de Jesús, de llevar una vida austera y de cuidar de los miembros más pobres de la comunidad. Muy razonable, sin duda. Aunque también admirable. Sin embargo, Ireneo defendió, frente a la herejía ebionita, que si Jesús siendo hombre no era, en cierto sentido, Dios, entonces no hay propiamente redención. O Jesús es el quien de Dios, o no hay salvación, sino a lo sumo una nueva (o no tan nueva) instrucción moral. Pues tan solo el perdón de Dios —del Dios que no es nadie sin su identificación con un crucificado— puede rescatarnos de nuestro hallarnos en manos del poder de la muerte. En cualquier caso, la ley, por sí sola, no salva. Esto es, no nos liberamos de nuestra condición de culpables —de nuestro tener que matar al otro, aunque tan solo sea a través de nuestra indiferencia— por medio de nuestro esfuerzo moral. Sin embargo, hoy en día tendríamos serias dificultades si tuvieramos que decir de qué nos salva Dios. De hecho, tampoco creemos espontáneamente que tenga que salvarnos. No es casual que actualmente el cristianismo, sobre todo el de las canchas progresistas, sea una variante del viejo cristianismo ebionita, un cristianismo moral. Es como si, en la época en la que nuestra exposición a la desmesura de Dios no se da por descontada, el cristianismo solo pudiera sobrevivir como herejía. O ebionitas o docetas, siendo esta última la opción del cristianismo de corte conservador. Pues en las canchas tradicionalistas es fácil que Jesús se presente como el dios que se puso la careta del hombre para enseñarnos en camino de vuelta a casa.

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