el lugar del padre

abril 17, 2018 Comentarios desactivados en el lugar del padre

El corte cultural entre la Antigüedad y los tiempos modernos tiene que ver, sobre todo, con cómo entendemos esto de la naturaleza de las cosas. Desde la óptica de la primera, un padre es un padre y por eso ocupa el lugar que ocupa. En cambio, en la Modernidad el padre se muestra como tal solo por el lugar que ocupa. El lugar hace al padre. En este sentido, la Modernidad es lamarckiana: la función crea el órgano. No es causal que Duchamp desplazase definitivamente al arte figurativo. No hay nada qué representar. Hasta un urinario puede ser bello, si lo colocamos en la sala de exposiciones (con la correspondiente prohibición de tocarlo, por supuesto). Así, en vez de icono, fuente. De hecho, cuando el arte contemporáneo pretende ser realista no consigue más que representar naturalezas muertas, incluso donde pinta a humanos. Los hombres y mujeres de los cuadros de Antonio López o Edward Hopper no tienen alma. O mejor dicho, son personajes que han caído en la cuenta de que el territorio del alma está hueco. Y no la tienen porque están solos. No hay otro que pueda ocupar el espacio interior. En último término, y volviendo al asunto del padre, podríamos decir que si modernamente el lugar hace al padre es porque el lugar —un lugar vacío, por otra parte— es el padre. El algoritmo —la función— ha sustituido al paradigma. Un padre es el que ocupa el lugar del padre y, por consiguiente, cumple con su papel. De ahí que nos sintamos fácilmente inclinados a decir que el arte de Duchamp es el arte cristiano por antonomasia. Pues, si el crucificado —el urinario en el que se mearon sus verdugos— es proclamado como Dios es porque ocupa el lugar vacante de Dios. Sin embargo, sería definitivamente así, si Dios no fuera un yo que no es nadie sin la entrega incondicional del enviado —si el crucificado no tuviera a su yo fuera de sí—. Quizá el problema fundamental del hombre moderno —su enfermedad— sea que ignora que la genuina alteridad es invisible, un eterno diferir del sí mismo, del cuerpo con el que, al fin y al cabo, negociamos.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo el lugar del padre en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: