memento mori

mayo 8, 2018 Comentarios desactivados en memento mori

En el día a día, todo es inercia. Difícilmente, caemos en la cuenta de lo que supone tener a una mujer bondadosa como compañera, unos amigos fieles, unos hijos que cuidar. En el día a día, nos encontramos sometidos a lo que exige el trato, aun cuando este sea amable. De ahí que tan solo ante la proximidad de la muerte, una vez comenzamos la cuenta atrás, se nos revele el valor de cuanto nos traemos entre manos —el carácter excepcional, por no decir milagroso, de compartir la vida con quienes nos rodean—. El valor siempre pertenece al pasado, como eso que no supimos ver mientras andábamos con nuestros asuntos. No es casual que la vida del espíritu comience con decirse a uno mismo, al menos de vez en cuando, que quizá hoy podría ser el último día. Siempre hubo una enorme distancia entre lo sagrado y lo profano. Pero no porque lo primero se encuentre en otro mundo. Pues puede que no haya otro mundo. Y si lo hubiera, probablemente no tuviera que ver con nosotros, hombres y mujeres de carne y hueso. Aunque acaso deberíamos decir que lo hay, pero no es otro, sino el mismo como otro. Hay valor, aun cuando no para nosotros, los arrancados, salvo quizá tangencialmente. Como si el valor fuera ese porvenir que debe regresar.

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