lo espontáneo

julio 1, 2018 Comentarios desactivados en lo espontáneo

Para el alma primitiva, el mundo es un exceso fascinante, sin duda, aunque al igual que terrible. Imaginemos a los hombres de las cavernas viendo por primera vez la erupción de un volcán. O los primeros brotes verdes sobre la tierra seca. Es imposible no ver aquí la aparición, la presencia de un poder que nos desborda. En la Antigüedad, un dios no reclamaba la fe del hombre, sino en cualquier caso tener los ojos bien abiertos. La divinidad es, de entrada, una evidencia. El sentimiento básico del alma primitiva es el de formar parte de un orden más amplio y, en última instancia, del misterio. La individualidad —el extrañamiento del yo con respecto a lo dado, incluso de sí mismo— es un invento socrático, que se acentúa con el capitalismo, donde, como dijera Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire. Aunque también judío. Pues la experiencia judía de Dios no es principalmente la de un formar parte, sino la de la separación. La fe tan solo la puede exigir un Dios que no aparece como dios, un Dios por-venir.

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