talibán

julio 8, 2018 Comentarios desactivados en talibán

A mí no me interesa lo que podamos decir fácilmente acerca de Dios. No porque Dios sea el nombre de lo inefable, si es que lo es; no porque acerca de lo último no tengamos nada qué decir y sí mucho que callar, sino porque apenas me interesa la opinión. No me interesa el qué, sino el quién. Cuanto me interesa es cuanto me interroga. Y quien me interroga es el creyente avant la lettre, aquel que no supone algo sobre Dios o las realidades últimas —esto en todo caso, se da por añadidura y no sin balbuceos—, sino el que se encuentra por entero sometido hasta la obsesión a la voluntad de un Dios que, encima, roza la inexistencia. La vida creyente es, sin duda, una vida muy extraña, disruptiva. Como acaso la socrática, pero con un plus delirante. Pues, a diferencia, de la primera, la vida del creyente se encuentra polarizada por el rostro de aquellos con los que Dios se identifica, los nadie. Un creyente es capaz de ponerle un nombre a esos rostros, el nombre de Dios. Así, Dios se llama Ibrahim, Fátima, Abdul-Gafûr… El nombre de los desahuciados que alcanzan nuestras costas. El creyente sería lo más parecido a un talibán, si no fuera porque el Dios del que depende el sí o el no de su existencia es un Dios que no aparece como dios. Pues la entrega de quien permanece fiel a Dios, tarde o temprano, tiene que continuar sin Dios mediante. Como si no hubiera Dios. No deja de producirme una cierta zozobra que la vida absurda del creyente, cuando menos porque no posee el sentido de sus actos, acaso sea la única vida que merezca ser vivida. Aunque, tomando unas cervezas a pie de playa, en modo alguno nos lo pueda parecer.

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