tautologías trans

julio 13, 2018 Comentarios desactivados en tautologías trans

Si ahora alguien nos dijera que todo es uno, que cuanto es procede de una sola fuente, o que, al fin y al cabo no hay diversidad, sino diferentes modos de ser lo mismo, fácilmente le daríamos la razón. Pues no dejaría de decirnos algo racionalmente obvio. No en vano los griegos entendieron que el cosmos tenía que obedecer a un arkhé, a un principio último que, a la vez que origen, constituía la norma invisible de lo visible. Aquí no hay estrictamente hablando creencia o mito, sino una pura exigencia de la razón. De ahí que quienes defienden algo parecido en el terreno de las creencias religiosas, a saber, que estas no dejan de ser diferentes modos de experimentar el fondo inefable de la existencia, tengan las de ganar. Es como si se nos explicitase lo que ya sabíamos de buen comienzo. En cualquier caso, las disputas religiosas podrían entenderse como la que mantuvieron los presocráticos a propósito de la naturaleza de la cosa última: que si era agua o fuego o, siendo más sofisticados, un principio inmaterial, un apeiron. Sin embargo, no hay disputa que valga acerca de la idea de la necesidad racional de un origen. Aquí todos estamos de acuerdo. Ahora bien, lo cierto es que Platón no jugó en la misma liga que Tales. Podríamos decir que, dejando a un lado a Heráclito, a la lógica presocrática le faltaba una buena dosis de dialéctica. El pensamiento de Tales y compañía era más físico que metafísico. Pues lo último acaso no sea algo que podamos entender en los términos de una presencia, aunque sea eternamente elusiva, sino en los de una pérdida absoluta. Desde la óptica del pensamiento dialéctico, el carácter enteramente otro de lo real es, precisamente, lo que desaparece en su aparecer como cosa. No hay experiencia sensible, ni siquiera mística, del carácter enteramente otro de lo real, salvo como la experiencia de una falta, de un deseo insatisfacible. En este sentido, no es casual que, según Platón, lo real en sí tan solo pueda ser pensado. Hay un hiato insalvable entre lo real como alteridad radical y su aparición como cosa más o menos digerible. De la alteridad tan solo poseemos una imagen o representación, al fin y al cabo, su reducción a las condiciones de la receptividad. Por consiguiente, si hay mundo no es porque se sostenga sobre una sustancia última —porque las cosas sean diferentes modos de ser una y la misma cosa—, sino porque reposa sobre el continuo paso atrás de la alteridad avant la lettre. De ahí que no quepa pensar lo último o divino en clave espacial como si fuera lo más alto o profundo, ni tampoco como lo primero en el orden de lo temporal, sino como aquello que tuvo que desaparecer para que fuera posible el mundo y su historia. Dios no es el punto de fuga de las diferentes sensibilidades religiosas, sino una pérdida fundamental. Las religiones, al menos en tanto que puedan creer haber captado, aunque imperfectamente, algo de Dios, serían, más que tactos, palos de ciego. No parece que sea lo mismo creer que Dios sea el equivalente a la sustancia última de los presocráticos, aunque se entienda en clave no materialista o espectral, que aquel al que se espera vanamente mientras siga habiendo mundo. Dios ni siquiera está oculto. En cualquier caso, fue antes de los tiempos (o será, cuando terminen). De hecho, el espíritu de Dios es un resto, lo que queda de Dios donde no queda nada de Dios. No debería extrañarnos que el cristianismo vea en un crucificado el rostro mismo de Dios. En este sentido, me atrevería a decir que a la profundidad de la espiritualidad transconfesional lo que acaso le falte sea, precisamente, profundidad.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo tautologías trans en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: