féminas

julio 25, 2018 Comentarios desactivados en féminas

La mujer se mueve en un constante dilema. Por un lado, busca atraer al hombre. Y al hombre se le atrae con un cuerpo deseable. Los hombres somos muy visuales, como suele decirse. Sobre el cuerpo bello de una mujer fácilmente proyectamos cuantas virtudes podamos imaginar. De ahí que seamos tan seducibles. Sobre todo, cuando somos aún jóvenes. Hasta aquí todo muy elemental, muy genético. Por otro, sin embargo, la mujer busca que un hombre la quiera por sí misma, más allá de las bondades de su cuerpo. Y si es fuerte o poderoso, mejor. En este sentido, la mujer se ve obligada a cuidar tanto de su cuerpo como de su alma, aunque hoy en día, debido a la brutal presión publicitaria, esto último quede en un segundo plano. Como si se diera por descontado que cualquier mujer es, de por sí, interesante, cosa que no me atrevería a decir. De ahí que a veces la mujer bella quisiera renegar de su cuerpo, embrutecerse, con el secreto propósito de poner a prueba el valor de un hombre. Pero un hombre, por lo común, se enfría donde la mujer deja a un lado su esplendor. Como decían los griegos de la Antigüedad, tan solo lo semejante ama lo semejante. Así, una mujer que aspire a que la quieran por su alma y no solo por su cuerpo tendrá que cuidar de su alma, lo cual no es nada fácil en un mundo que se mueve solo por las apariencias y que no le perdona a la mujer ningún error de forma. Pues solo cuidando de su alma podrá atraer al hombre que va más allá de lo primario. Y al revés, ciertamente. Aunque, como decía Spinoza, lo extraordinario es tan raro como difícil.

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