la piedra en la que tropezamos

julio 27, 2018 Comentarios desactivados en la piedra en la que tropezamos

Andamos perdidos envueltos de oscuridad y, de repente, un brillo al fondo o el crepitar de una hoja. Espontáneamente, creeremos que se dirigen a nosotros. No estamos solos, pues. Sin embargo, por poco que salgamos de nuestro primer entusiasmo, percibiremos también el signo de lo amenazante. La alteridad es santa, esto es, tan fascinante como terrible, como dijo con precisión cirujana Rudolf Otto a propósito de la experiencia de lo numinoso. Este sería, de hecho, el grado cero de la experiencia religiosa. Con todo, una vez se encienda la luz, y si es eléctrica mejor, comenzaremos a preguntarnos si acaso simplemente no nos pareció que ese brillo o ese crepitar se dirigía nosotros; si acaso en realidad no son más que un brillo o un crepitar que tan solo suceden como también sucede nuestro deambular a tientas por el mundo. Y aquí estaríamos ante el grado cero de la actitud filosófica. En el primer caso, permanecemos pegados a nuestra piel. En el segundo, suspendidos de un no terminar de saber de qué va el asunto. No da la impresión que quepa juntar ambas posiciones. Como si tuviéramos que elegir entre vivir y no pensar o pensar y errar como espectros.

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