como si fuéramos bichos

octubre 7, 2018 Comentarios desactivados en como si fuéramos bichos

Teniendo en cuenta la diferencia de naturaleza entre un dios y el hombre, ¿cómo fue posible que el creyente llegara a concebir a Dios como padre? ¿Acaso un gusano podría creer que el niño que juega a alimentarlo le ama sinceramente? ¿Acaso no temería que, de repente, el niño dejara de jugar? Ciertamente, la experiencia de la filiación arraiga en la de la bendición. La vida no deja de ser un don o, mejor dicho, una herencia. Sin embargo, el temor a que lo que nos ha sido dado nos sea también arrancado forma parte de la vivencia del don. La metáfora de Dios como padre supone la convicción de que existimos bajo una medida de gracia. Pues la gracia no excluye la posibilidad del rechazo. Un padre no es solo aquel que nos ampara, sino también aquel que puede decirnos “no eres mi hijo”. Es cierto que, hoy en día, esto nos queda un tanto lejos. Pues la modernidad no deja de ser la época de la crisis de la figura paterna. Modernamente, un padre es, sobre todo, un progenitor, por no decir un colega. Pero al igual que es cierto que donde nos quedamos solo con la bendición, Dios se va por las alcantarillas. Como si tan solo fuera el ángel de la guarda de nuestra infancia, pero a lo grande.

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