monseñor y, sin embargo, santo

octubre 16, 2018 Comentarios desactivados en monseñor y, sin embargo, santo

La noche antes de que fuera asesinado, Óscar Romero pasó por Getsemaní. “Tengo miedo, mucho miedo. Me van a matar. Y yo no quiero morir. Lo peor de todo es que me cuesta rezar. No siento a Dios”, le dijo al sacerdote que le acompañaba. ¿De verdad? Sin duda. La cuestión es si estamos ante la verdad de Dios o ante la del hombre. O toda fe es una farsa o no hay otra verdad que la encarnada por aquellos que soportan sobre sus espaldas el silencio de Dios. Y, cristianamente, que haya Dios depende de la respuesta del hombre al clamor de aquellos que sufren, precisamente, el peso de un Dios en falta. Pues Dios no es aún nadie sin el fiat del hombre. Como sabemos, Romero no se amedantró. Murió dando el pan de cada día a los que apenas tenían pan. Quizá tan solo podamos cumplir con la voluntad de Dios donde Dios se hace presente como el que no aparece como dios. Esto es, como si no hubiera Dios. Al fin y al cabo, el sentido de la entrega del hombre no pertenece al hombre. Tiene razón Metz cuando, a propósito del padrenuestro, dice que esto del rezar tiene mucho de pedirle a Dios por Dios. Que es como decir que solo somos capaces de rezar donde nuestro cuerpo cae doblegado por la ausencia de Dios.

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