sinsentido y valor

octubre 22, 2018 Comentarios desactivados en sinsentido y valor

La pregunta no es si la existencia posee un sentido, sino si, en el caso de haberlo, puede ser para nosotros. Un sentido es un encaje. Las piezas de un rompecabezas, decimos, no tienen sentido hasta que no se ajustan unas con otras al modelo que representan. Así, supongamos que, efectivamente, hubiera un sentido, que la vida posee una finalidad. Por ejemplo, la de purgar nuestras almas para hacerlas capaces de la dicha eterna en la otra dimensión. Como si el mundo fuera una especie de útero cósmico. ¿Habríamos dado con la respuesta a nuestra gran pregunta? No sé hasta qué punto… Pues, una vez alcanzáramos la paz de los ángeles ¿acaso no nos preguntaríamos si acaso eso es todo? ¿No volveríamos a sentirnos, una vez más, desplazados? ¿Es que no vivimos de nuestras preguntas sin respuesta? Pues en el caso de que el yo sobreviviera a la muerte a la manera de un pneuma somatikon —y si no fuera así, la supervivencia no nos incumbe—, seguiría habiendo tiempo, cuando menos porque el yo nunca termina de encontrarse a sí mismo en donde está. El presente no basta. Esto es, el todo no lo es todo para quien es capaz de verse a sí mismo como otro. De ahí que aunque haya un sentido, no puede haberlo para el hombre. ¿Hemos de darle la razón al nihilista? ¿Hay salida para la conciencia insatisfecha? Me atrevería a decir que sí. Aun cuando no sea la que imaginamos al comienzo. Pues quizá porque no hay sentido, cualquier presente, salvo el catastrófico, se carga de valor. Desde la posibilidad de la nada, la sonrisa de un niño, el respirar del cuerpo de la mujer que tienes ante ti, la mirada de quien te busca… poseen el aura del milagro. Ni siquiera el horror puede desmentir la verdad de la excepción. Aunque nos obligue a clamar por la redención. O por eso mismo.

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