de la existencia

diciembre 1, 2018 Comentarios desactivados en de la existencia

Existir significa vivir como arrancados. Deambulamos por el mundo como los que encuentran a faltar a aquel que nos saque del zulo de una vida encasillada, inercial. Por lo común, preferimos creer que nos falta algo. Y por eso andamos de deseo en deseo como en el juego de la oca. Es lo que tiene creer que estamos en el centro. Pero aquí regamos fuera de tiesto. Pues no hay deseo que pueda satisfacer lo que en el fondo buscamos. Cuanto podamos desear no deja de ser una trampantojo. Aun así, pudiera ser que no hubiera nadie en verdad otro. Que nuestro anhelo fuera, al fin y al cabo, un error de diseño, una anomalía biológica. Sin embargo, esto es lo que hay. No dejamos de ser quienes nos hallamos expuestos a una carencia fundamental. Donde renunciamos a la búsqueda, renunciamos a nuestro carácter. No obstante, hay indicios de que el todo no puede ser el todo. Básicamente, el de una vida dada como excepción o milagro desde el horizonte, precisamente, del absurdo, y la demanda, en el doble sentido de la palabra, que procede de los desamparados. Esto es, por un lado la bendición y, por otro, el mandato, la voz que nos interroga por el lugar de Abel. El otro como tal se nos ofrece, no como imagen sin mácula o, si se prefiere, divina, sino como el lamento que nos acusa y, por eso mismo, descentra. La imagen del falso dios, de hecho, nos mantiene en la impotencia de aquel que sabe que nunca alcanzará la perfección que nos exige. Sea como sea, estos indicios constituyen el non plus ultra de nuestro estar en el mundo. En cualquier mundo. Dios en los cielos seguiría estando por ver. De ahí que existir, incluso en un mundo espectral, suponga un permanecer a la espera. Nadie dijo que la última palabra estuviera en nuestras manos.

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