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enero 17, 2019 Comentarios desactivados en más Qohélet

El Fausto comienza con estas palabras: filosofía, jurisprudencia, medicina y hasta teología, todo lo he profundizado con entusiasmo creciente, y ¡heme aquí, pobre loco, tan sabio como antes! Es verdad que me titulo maestro, doctor, y que aquí, allá y en todas partes cuento con innumerables discípulos que puedo dirigir a mi antojo; pero no lo es menos que nada logramos saber. Esto es lo que me hiere el alma. Sin embargo, sé más que todos cuanto necios doctores, maestros, clérigos y religiosos creen saber: ningún escrúpulo ni duda me atormentan; nada temo de todo aquello que causa a los demás espanto; pero, merced a esto mismo, no hay para mí esperanza ni placer alguno. Siento no saber nada bueno, ni poder enseñar a los hombres cosa alguna que logre convertirlos o hacerlos mejores. […] ¡Ah! ¡Si por la fuerza del espíritu y de la palabra me fuesen revelados algunos misterios! […] ¡Si me fuese dado saber lo que contiene el mundo en sus entrañas y presenciar el misterio de la fecundidad, no me vería, como hasta ahora, obligado a hacer un comercio de palabras huecas!” Por su parte, en Qohélet podemos leer lo siguiente: “he acumulado gran sabiduría; supera a la de mis predecesores en Jerusalén. Gracias a mi reflexión he adquirido sabiduría y conocimiento notables. Pero a fuerza de reflexión comprendí que la sabiduría y el conocimiento son locura y necedad, pues aun eso mismo es alimentarse de viento.” Sócrates, por su parte, se fue con las manos vacías, sumido en una gran perplejidad. El saber no salva. Pero tampoco la acción. La ilusión no puede ser una respuesta para quien ha comprendido que, al final, tan solo nos quedan las formas. La desesperanza es el destino de quien ya no es capaz de invocar.

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