pensar a Dios, hoy en día

febrero 6, 2019 Comentarios desactivados en pensar a Dios, hoy en día

Cuando la Ilustración piensa a Dios como el motivo del mito o la superstición se niega a pensarlo como el valor, por decirlo así, que perdimos de vista. Ciertamente, la superstición es mala fe. Pero es posible que la modernidad haya tirado al niño con el agua sucia. El cristiano, hoy en día, no puede ser otra cosa que conservador, lo cual no significa conservadurista, pues el conservadurismo religioso, el cual fácilmente termina derivando en fundamentalismo, desactiva, al jugar con las cartas marcadas del mundo, el potencial transgesor, por no decir revolucionario, del kerigma cristiano. Precisamente porque nada contracorriente, el cristiano actualmente se ve obligado a conservar el legado de la tradición. Sin embargo, porque debe proclamar lo que, de entrada, resulta ininteligible, quizá crea que debe actualizar la tradición, esto es, ajustarla a nuestros moldes culturales. Pero aquí se equivocaría, al menos por aquello de tradutore, tradittore. De lo que se trata es de destruir, casi en el sentido heiddegeriano de la expresión, la posición desde la cual el hombre moderno juzga al creyente como el que sufre una ilusión infantil. Una teología responsable hoy en día debe ocuparse de dotar de legitimidad epistemológica al logos sobre la realidad de Dios, realidad que, sin embargo, no puede concebirse, bíblicamente hablando, como la de un ente espectral. Ahora bien, dicha recuperación no puede llevarse a cabo sin partir del reconocimiento de nuestra incapacidad cultural, que no humana, para la revelación del absolutamente otro, de nuestro hallarnos esencialmente expuestos, en tanto que arrancados, a la falta de una genuina alteridad. Pues puede que, en definitiva, no haya otra realidad que la que dio un paso atrás en su hacerse presente como apariencia. En nuestros tiempos, el teólogo tiene que partir de, cuando menos, la posibilidad de que haya verdad pero no para nosotros, por parafrasear a Kafka. Aquello que no puede hacer es, precisamente, dar a Dios por descontado, ni siquiera cuando supone que tan solo es cuestión de bucear en nuestro interior. Ahora bien, que no pueda dar a Dios por descontado no significa que tenga que demostrar, previamente, la existencia de Dios. Un Dios que tenga que ser demostrado —un Dios encajable en el marco de la razón— no puede valer como Dios, en cualquier caso como arjé. Al hablar de Dios, no puede hacer otra cosa que comenzar diciendo había una vez un hombre que… Y esto, si lo pensamos bien, no deja de ser algo muy evangélico.

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