presencias reales

febrero 24, 2019 Comentarios desactivados en presencias reales

Si todo es presencia, entonces (la) nada es. Si todo es presencia, resulta difícil que podamos ir más allá de lo que nos parece que es. Nada que sea realmente otro se muestra a una sensibilidad. La alteridad de lo real no se nos ofrece como imagen, sino como lo eternamente pendiente del mundo (y por tanto como lo esencialmente extraño, como lo que no termina de encajar en los moldes de una receptividad). Acaso esta sea la última lección del platonismo o, lo que viene a ser lo mismo, de la filosofía. Algunos dirán que, en este sentido, la filosofía es ancillae theologia. Pero aún hay que dar un paso —y un paso enorme—  para que lo absoluto sea un alguien, una voz que clama por el hombre desde más allá de los tiempos (y de ahí su impronta espectral). El filósofo todavía queda lejos del creyente. Podríamos decir que le falta flexibilidad para encorvarse. Como decía Lucrecio, quizá la autosuficiencia del filósofo se deba a que ha tenido la suerte de contemplar un naufragio desde la atalaya del espectador.

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