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mayo 12, 2019 Comentarios desactivados en coach

Quizá la cuestión no sea si el coach, tan de moda hoy en día, es capaz de proporcionar una formación espiritual, sino qué tipo de sujeto es aquel que puede decir que ha recibido una formación espiritual de un coach. El análisis transaccional de Berne, algo así como una aplicación doméstica de la concepción freudiana del individuo, ha ayudado a mucha gente, sin duda, a situarse frente a sí mismo y a los demás. Berne, que no fue, sin embargo, propiamente un coach, distingue entre tres posiciones básicas, las cuales están relacionadas con aquellos que hay dentro de nosotros: el niño, el padre y el adulto. Estas posiciones serían las siguiente: “yo estoy mal-tú estas bien”; “yo estoy bien-tú estás mal” y “yo estoy bien-tú estás bien”. La primera sería propia de la infancia. La segunda, en cambio, constituiría una salida en falso de la primera, algo así como una solución narcisista a los complejos del niño. Aquí predominaría el juicio tiránico del padre: uno se siente bien cuando se cree bajo su bendición… siempre y cuando el resto (o una buena parte) esté excluido. La tercera, finalmente, sería la posición saludable, aquella a la que deberíamos llegar para ser felices. En principio, nada qué objetar. Ahora bien, uno podría preguntarse si la liberación puede reducirse a un asunto meramente psicológico. Por no hablar, de aquellos que sostienen que basta con reconciliarse con el propio cuerpo o bailar la biodance. Como si la redención, al fin y al cabo, fuese tan solo un estado de satisfacción. De hecho, la noción misma de autoayuda ya sugiere que seguimos dentro del mundo virtual del onanista. No hay nada qué hacer donde culturalmente nos situamos ante el mundo —un mundo que está lejos de ser un super, aun cuando así nos lo presenten— según las necesidades del adolescente benestant. Aunque tenga cuarenta años.

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