Bultmann o Spinoza

agosto 27, 2019 § 1 comentario

Dios no forma parte del mundo. Si fuera así, el mundo estaría por encima de Dios, incluso donde entendiéramos a Dios como la cumbre del mundo. Pero Dios tampoco coincide con el mundo. No puede coincidir. Pues en ese caso, el hombre estaría por encima de Dios. Al menos, porque el hombre puede observar el mundo como espectáculo —y, por tanto, situarse como espectador frente al mundo. O el hombre forma parte del mundo —y, en ese caso, el que se reconociese como arrancado sería una ilusión—, o el hombre, en tanto que enajenado del absolutamente otro, no pertenece a ningún mundo, ni siquiera al sobrenatural. Pues nadie hay en el mundo. Únicamente espectros de una alteridad por ver (y por la que el hombre clama, aunque lo ignore, desde lo más hondo del sí mismo). Incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio (Rahner dixit). Esto es, o el todo lo es todo —y el hombre simplemente debe encontrar (y aceptar) su lugar en el mundo—; o el todo no lo es todo —y entonces el mundo pende del hilo de un Dios que el mundo no puede admitir como su posibilidad, un Dios, literalmente, imposible. Ahora bien, esto es lo mismo que decir que, frente a Dios, el mundo se encuentra sub iudice. Y, por consiguiente, también el hombre. Otro asunto es que prefiramos vivir como si no.

§ Una respuesta a Bultmann o Spinoza

  • Siempre Spinoza. Como dijo Eisntein en 1930, durante una entrevista publicada en el libro Glimpses of the Great de G. S. Viereck al preguntarle sobre Dios:

    “Tu pregunta es la más difícil del mundo. No es algo que pueda responder con un simple sí o no. No soy ateo. No sé si puedo definirme como un panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas.¿Puedo contestar con una parábola? La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede abarcar el universo. Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, solo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo maravillosamente arreglado que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes”.

    “Nuestras mentes limitadas no pueden aprender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza porque él es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas”.

    Creo en un Dios quien se revela así mismo en una armonía de lo existente, no en un Dios que se interesa por el destino y las acciones de los seres humano. Esa es una magnífica definición.

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