prójimos

septiembre 8, 2019 § Deja un comentario

El niño que muere de hambre, la embarazada en la patera, las niñas que fueron secuestradas por Boko Haram (y lo siguen estando)… no son un tema de actualidad. Son mis prójimos. Todos los que sufren nuestra indiferencia o impiedad tienen un nombre. Su dolor me concierne como me concierne el de mis hijas. Pero vivo como si no. Pues no me afecta por igual. Hay algo —o mucho— de cierto en la intuición que separa cuerpo y alma. Al menos, porque el cuerpo nos ata a una visión de corto alcance. Sin embargo, no somos almas puras. Sencillamente, en ausencia de cuerpo, no somos nadie. De ahí que el horizonte de la existencia cristiana, o si se prefiere espiritual, no sea el de abandonar el cuerpo, sino el de su transfiguración, aun cuando esta no dependa enteramente de nosotros. Al cristianismo occidental —o lo que queda de él— quizá le convengan unas cuantas dosis de Oriente. Pero no es necesario apuntar al budismo o sus variantes. Basta con la ortodoxia —basta con el staret.   

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