contra el vocerío

septiembre 24, 2019 Comentarios desactivados en contra el vocerío

La mujer no es como un hombre solo que con cuerpo de mujer. La Modernidad, dejando a un lado la reacción romántica, lleva un par de siglos intentando convencernos de que somos meros individuos con diferentes papeles que representar. Un individuo no deja de ser un átomo. Sin embargo, aquí el mito quizá acierta más que la reducción racionalista. La mujer para el hombre encarna un paradigma —y viceversa—, aunque, evidentemente, no sea solo un paradigma. El poder que la mujer ejerce sobre el hombre posee, como cualquier poder, una doble faz. Por un lado nos fascina. Pero, por eso mismo, puede destruirnos. No es casual que la figura de las sirenas —mitad mujer, mitad ave rapaz— haya representado tradicionalmente la ambivalencia de la sedución. De ahí el consejo de nuestras abuelas: elige bien a tu mujer. Que haya en ella, sobre todo, bondad e inteligencia (y puede que hoy en día añadieran el adjetivo emocional). Que su parte buena, por decirlo así, pese más que su lado oscuro. Pues su bondad y su inteligencia despertará la bondad —y puede que la inteligencia— que hay en cada uno de nosotros. Podríamos decir que somos como intrumentos de cuerda. Depende de quien nos pulse sonaremos de un modo u otro. Cuesta creer que seamos simples individuos que solo puedan aspirar a un buen contrato. Una relación contractual —un acuerdo— da de sí lo que da de sí. El acuerdo puede, sin duda, satisfacernos. Pero no más. Ahora bien, la Modernidad tampoco va tan desencaminada al acentuar la individualidad. Pues lo cierto es que somos quienes no terminan de coincidir con el paradigma que encarnan. En este sentido, la Modernidad hereda el anuncio cristiano, aunque despojado de escatología: ya no habrá hombre y mujer (Gal 3, 28). Y es que, más allá del encaje de las máscaras, lo cierto es que, hombres y mujeres, solo podemos encontrarnos como los indigentes que, en definitiva, somos. El amor, más allá del mito, comienza con el abrazo de los náufragos. O lo que viene a ser lo mismo, con el perdón.

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