de la palabra Dios

octubre 6, 2019 § Deja un comentario

Uno de los problemas del hombre moderno es que cuando escucha la palabra Dios no puede evitar escuchar la palabra fantasía —como si le hablaran de Osiris o de centauros—. En el mejor de los casos, hablar de Dios sería un modo de referirse al poder que conecta cuanto es, algo así como el arkhé al que apunta la razón. Evidentemente, el viejo Dios de la tradición bíblica hoy en día no tiene las de ganar, al menos en Occidente. Quizá nunca las tuvo. Ahora bien, podríamos preguntarnos si nuestra actual incapacidad para escuchar la palabra (de) Dios no supone, antes que una liberación, un empobrecimiento. Pues acaso solo en relación con un Dios que, incluso en los cielos, estaría por ver podemos comprendernos —y abrazarnos— como hermanos. Cuando menos, porque solo ante este Dios caemos en la cuenta de que únicamente nos tenemos los unos a los otros. El enemigo común une a los pueblos. Aunque en este caso, no sería el enemigo, sino una universal orfandad. No es casual que los tiempos de la revelación sean aquellos en los se hunde el mundo —y con él el cielo que preserva, espuriamente, nuestro deseo de alcanzar a Dios (y de paso ocupar su lugar).      

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