en paz

enero 16, 2020 § Deja un comentario

Como el pistolero errante de los westerns, quien busca a Dios nunca termina de hallarse a sí mismo en donde está. Dios siempre da un paso atrás. Como si con respecto a Dios no dejáramos de ser los arrancados. Sin embargo, es posible que la paz sea el resultado de este fracaso. Los pajáros sobre las ramas, los niños columpiándose, los manos entrelazadas de los amantes… —y te dices a ti mismo, como Elohim tras la Creación, todo está bien así. No hay más. O porque no hay más, el puro presente es lo más. 

Y con todo, Dios sigue siendo invocado por los que no pueden aceptar su presente a causa de su hambre y su sed (y sobre todo la de sus hijos). Aun cuando, ni siquiera, puedan concebir que haya un Dios de su parte. No podemos permanecer bajo la bendición porque hay maldición. Pero también al revés: porque hay bendición, Satán no debe pronunciar la última palabra. De ahí que, bíblicamente, la bendición vaya con la promesa de Dios, en el doble sentido del genitivo.

En cualquier caso, en nombre de Dios, Dios no es el tema. El tema de Dios es el de lo debido a Dios —a su estar en falta—, a saber, el don y el deber de saciar el hambre de quien no tiene pan que llevarse a la boca.

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