cuestión de peso

marzo 8, 2020 § Deja un comentario

Por lo común, decimos demasiadas cosas sobre casi cualquier cosa. Vamos con la boca llena con palabras que nos sobran. Como si supiéramos de lo que hablamos. De ahí el sentido de la cuestión que los discípulos de Sócrates—y no obstante amigos—le plantearon en sus últimas horas: ahora que vas a morir dinos qué. Como si solo cuando agotamos la prórroga —y vivimos en tiempo de prórroga—fuéramos capaces de desprendernos de la cháchara. Y si esto es así en la mayoría de los casos, más aún en el del credo cristiano. La confesión creyente no deja de ser una confesión entre otras si no es pronunciada bajo el peso asfixiante del No. Y es que, desde nuestro lado, al final se impone la des-ilusión, por no decir, la injusticia. Los buenos no ganan. La fe en el imposible triunfo de la bondad es simplemente una suposición —y una suposición ridícula— si quien la declara no soporta sobre su rostro el aliento del verdugo. La verdad cristiana siempre fue un asunto corporal. Pues, cristianamente, no hay Dios —nadie al que esperar— si no hay quien lo encarne. Al fin y al cabo, ante el testigo —ante el que regresó de la muerte con vida— solo cabe hacer una pregunta: dinos qué has visto tú que nosotros aún somos incapaces de ver —que hay más allá del No. Y obviamente, solo el impostor nos habla de un cielo rebosante de querubines.

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