hasta aquí hemos llegado
marzo 27, 2020 § 1 comentario
Tarde o temprano, el hombre se sitúa ante Dios como Abrahán: aquí me encuentro —hasta aquí hemos llegado. Qué quieres que haga. Y esto último significa, al menos, lo siguiente: por un lado, que el encuentro con Dios tiene lugar en el límite de la existencia, donde se agota la fe en nuestra posibilidad; y, por otro, que dicho encuentro supone un hallarnos expuestos a una voluntad que no es nuestra (aun cuando podamos hacerla nuestra). Por no hablar de que el Dios con el que topamos en los límites de la existencia no es el espectro que imaginamos, sino una ausencia —un clamor— que apunta a un Dios por-venir en el que no cabe creer solo desde nuestro lado. Un Dios que, para más inri —nunca mejor dicho—, tendrá el rostro de un abandonado de Dios.
Si así no fuera, no sería gratuita, ¿y no es precisamente la absoluta gratuidad el denominador común de fe (auténtica), perdón (real) y amor (verdadero)?