escatología

abril 24, 2020 § Deja un comentario

Estrictamente, la resurrección fue la irrupción, en el presente histórico, del futuro de Dios. O en técnico, un acontecimiento escatológico —una anticipación palpable del porvenir. No se trató, consecuentemente, de la aparición de un fantasma —de un espíritu que cruza la puerta que nos separa de los cielos. Es, por decirlo en clave profana, como si los extraterrestres que algunos creen haber visto no fueran seres de otro mundo, sino hombres y mujeres de una época futura. Como si ellos fueran capaces de viajar al pasado. De hecho, si nosotros ahora pudiéramos retroceder hasta los tiempos de Adán, difícilmente nos reconocería como a uno de los suyos. Para Adán seríamos, sencillamente, dioses. Ahora bien, que a él se lo pareciese no significa, obviamente, que lo seamos. Un dios no es un dios para sí mismo. En este sentido, los discípulos podrían haberle preguntado al resucitado si creía que era Dios en persona. Puede que se hubieran llevado alguna sorpresa (y de paso, ahorrado algún que otro galimatías conceptual).

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