el sujeto de la reflexión

junio 18, 2020 § 1 comentario

Descartes en el articulo sexto de sus Principia dice lo siguiente: pero aunque el que nos ha creado fuera todopoderoso y se complaciera en engañamos, no por ello dejamos de experimentar una libertad tal, que cuantas veces nos plazca podemos abstenernos de adoptar en nuestra creencia las cosas que no conocemos bien. Traducción: como hombres y mujeres capaces de interrogarse sobre la verdad de las creencias más espontáneas, las que van con el hecho de formar parte del mundo, podemos distanciarnos de lo dado. Incluso nuestros deseos pueden ser contemplados como un implante —como un picor. Evidentemente, el deseo sigue ahí. Pero ya no posee la misma fuerza, el mismo poder de seducción. El sujeto de la reflexión —el de quien vuelve sobre sí mismo con la intención de alcanzar la sólidez de cuanto es en verdad más allá de lo que nos parece que es— no juega en la misma liga que la de quien se pliega sin más a lo que se dice o se hace, a la inercia de lo común. Ahora bien, que, para el amante de la verdad, el mundo termine siendo algo extraño —que lo obvio pase a ser problemático— implica una extrañeza de sí, al menos en tanto que su cuerpo sigue perteneciendo al mundo. De ahí que la cuestión sea cómo regresar —como integrar el fruto paradójico de la reflexión. Pues el que busca la verdad, ciertamente, ya no podrá creer como quien no quiere la cosa en lo se da culturalmente por descontado. Pero a cambio no podrá ofrecer otro saber que el que confiesa que aún cuando haya realidad, no es para nosotros. Esta —y no otra— es la definitiva lección del platonismo: con respecto a lo absoluto tan solo obtendremos verdades inútiles. Esto es, díficilmente podremos evitar quedarnos con el pie cruzado. Es lo que tiene la dialéctica, la visión de que el carácter otro de lo real —la alteridad tot court— solo puede revelársenos desapareciendo como tal en su mostrarse a una sensibilidad. O por decirlo de otro modo: hay un hiato —y un hiato insalvable, desde nuestro lado— entre el Otro y su aspecto o manera de ser, de tal forma que el Otro es lo eternamente pendiente del mundo. En cualquier caso, la vida queda transformada —o si se prefiere, dislocada— por este saber. Como si la reflexión consistiera en anticipar la ancianidad.

§ Una respuesta a el sujeto de la reflexión

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