antes que nada, nadie

julio 23, 2020 § Deja un comentario

Dios sin el hombre, aún no es nadie, sino tan solo, pero no menos, que un fantasma que clama por un cuerpo. Y no hay otra realidad —otra exterioridad — que la del fantasma. Antes que nada, Dios en sí mismo es un don nadie. Esto es lo que hay tras la dogmática cristológica, la que proclama al crucificado como el quien —el cuerpo— de Dios. Ahora bien, si esto es así, entonces el hombre carga sobre sus espaldas una enorme responsabilidad. Pues el ser o no ser de Dios dependerá de la respuesta del hombre a su clamor. Esto es, ante Dios, el hombre es responsable de Dios (aun cuando, por eso mismo, su estar ante Dios sea sin Dios). Es lo que tiene un Dios que se puso en manos del hombre para llegar a ser el que fue (y de paso liberar al hombre de su inclinación a la crueldad). Nada que ver, por tanto, con el dios que el homo religiosus da por descontado. Ni siquiera donde lo viste con los brillos del océano.

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