lobos solitarios

septiembre 8, 2020 § Deja un comentario

El otro día, tras la cena, nos juntamos unos cuantos en un extremo de la terraza del restaurante a fumar. Son las cosas del covid (y no de las peores, como es obvio). La escena es, cuando menos, curiosa. Allí había de todo, pijos y oficinistas, un ruso con aspecto de gánster, un camarero que aprovechaba el parón, un magrebí… No nos dijimos nada. Simplemente, fumábamos. La sensación, sin embargo, era que formábamos parte de una misma comunidad. Y no porque fumásemos, sino porque el momento era, por decirlo así, íntimo. En los recovecos de la soledad somos el mismo hombre. De coincidir con el fin del mundo, podríamos habernos dado la mano.

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