el vértigo

octubre 22, 2020 § 10 comentarios

¿Dios? No sé… De momento, hay hermanos que se están muriendo de hambre o que permanecen colgados de las alambradas queriendo entrar en lo que imaginan un mundo mejor. Y nosotros pasando de largo, como si no nos incumbiera. A menudo pienso que el hecho de dar a Dios por descontado, si fuera el caso, nos impide escuchar su clamor como el clamor mismo de Dios. O percibir el presente como milagro.

§ 10 respuestas a el vértigo

  • Iñaki dice:

    ¿Qué quieres decir cuando dices que pasamos de largo?, ¿qué es lo que nos incumbe?, ¿qué podemos hacer?. ¿Antecede a lo que dices una búsqueda que se pueda determinar prácticamente o es la desesperación del dolor descrito y la impotencia por erradicarlo?
    Perdona si soy indiscreto en mi preguntar, lo hago con el mayor de mis respetos.
    Pero no estaría mal tomar una decisión de una vez por todas.

  • Iñaki dice:

    Me da que pensar si la actitud de autoflagelación que se culpabiliza del mal que hay en el mundo, pudiera provenir de o tender a un endiosamiento no reconocido. Y digo esto porque, a mi modo de ver, se trata de una actitud opuesta a la comprensión de la finitud constitutiva del ser humano, comprensión que, si se logra experimentar en serio, asume que las posibilidades disponibles no son infinitas, que no se puede todo, o mejor, en definitiva, que sólo se puede lo que se puede. Y esta comprensión de la finitud radical que somos da lugar a una extraordinaria humildad. Esa observación que haces con muy buena puntería acerca de las consecuencias del dar a Dios por descontado, me ha hecho pensar que quizá sólo se pueda empezar a hacer cosas (pequeñas) desde la comprensión de que no podemos hacer nada; parecería que es desde el núcleo de la humildad desde donde cualquier acción llevada a cabo con cuidado en relación con lo cercano a nosotros, adquiere una emocionante transcendencia, como si fuera un milagro acontecido en el mundo.

  • Carmen dice:

    Me perdonas otra vez, Iñaki, si me inmiscuyo. No hay desde luego respuesta fácil a tus preguntas; soluciones, con toda seguridad, no las hay; pero creo que eso no autoriza a dejar al menos de planteárnoslas, y nunca cejar en ello. ¿Qué nos incumbe?, ¿qué podemos hacer?… Seguramente algo se podría al menos intentar. Por ejemplo, el otro día, en uno de los encuentros que organizó Religión digital en torno a “Fratelli…” referente a los migrantes, participaban Santiago Agrelo y Alberto Ares, el día anterior lo había hecho Tiscar Espigares, junto con el padre Ángel y Jesús Miguel Zamora, todos ellos profundamente implicados y con mucha experiencia en esas luchas y todos coincidían en resaltar la poca receptividad por parte de los políticos ante las propuestas e iniciativas al respecto, de cualquier color que sean los que ocupan el poder en ese momento. Y pienso que ante esto hay dos posturas posibles: echar balones fuera y localizar toda la culpa en “los políticos que tenemos” o plantearse si no será que no responden porque no encuentran rédito en ello. Pero, de ser así, eso es cuestión de todos nosotros, los votantes, que al final negociamos con esas vidas “ajenas” a cambio de una cierta promesa de defensa de “nuestros“ derechos, sean los que sean los que cada cual consideramos prioritarios. Si confrontamos esta actitud nuestra con el evangelio, con las Escrituras hebreas o con el Compasivo con toda la creación del Islam creo que tendríamos que reconocer una sensibilidad mal formada, desviada en prácticamente todos nosotros, la mayor parte de nuestro tiempo. Pero la sensibilidad (que incluye un elemento de juicio y opción) puede ser educada, y muchos “no creyentes”, sin otro punto de partida que el sentimiento de orfandad común y la voluntad de no confundir justificación moral del statu quo con aceptación de la finitud radical de nuestra capacidad para modificarlo, pueden aventajarnos con creces en ello; a nosotros, herederos y supuestos testigos de las promesas de las bienaventuranzas. Pararse y prestar atención a los que están cerca quizá sea el primer paso necesario. ¿Y si, humildemente, empezáramos a empeñarnos en ello, día tras día, tratando de levantarnos tras cada fracaso seguro? Es solo un pequeño ejemplo, simple, pero no sencillo. Seguro que hay muchísimos más.

  • josep cobo dice:

    Pues que, en tanto que arrancados, vivimos de espaldas al clamor de quienes representan a un Dios en falta o “por-venir”. Como si no fueran nuestros hermanos. Quizá proclamamos que lo son. Pero no vivimos conforme a lo que proclamamos. Si nos dijeran que el hijo al que perdimos de vista duerme en la calle ¿acaso no lo dejaríamos todo e iríamos en su busca? El envés de un Dios en falta es un hombre en falta. Ciertamente, podemos ir a las trincheras a cavar pozos para los sedientos (y en nombre de Dios es lo que deberíamos hacer). Sin embargo, es verdad que al final topamos con la impotencia. La redención no está en nuestras manos. Creer lo contrario sería pecar de pelagianismo. Ahora bien, la impotencia puede servirnos fácilmente de excusa: puesto que no hay nada qué hacer, seguimos con lo nuestro. Sea como sea, lo cierto es que estamos llamados a responder como si la redención dependiera de nosotros, aun sabiendo que no es así. El pobre, cuando hace lo imposible por alimentar a sus hijos, no se pregunta por el sentido de sus actos. No se mira a sí mismo. Simplemente, lo hace porque debe responder a su hambre. Y luego “Dios dirá”.

  • josep cobo dice:

    Sin duda, la autoflagelación no es cristiana. Pero el tener que responder va con el sentimiento de un estar en falta. Es aquello de Jon Sobrino: “me dio vergüenza seguir siendo como antes”.

  • Iñaki dice:

    Hola Carmen, no tenemos que pedirnos disculpas por tener algo que decir, yo creo que debemos dialogar porque el diálogo propicia la aparición de cosas nuevas, por tanto, agradecerte tu comentario; y del mismo modo agradecer a Josep que haya creado este espacio virtual en donde nos regala sus pensamientos diarios y permite el diálogo posterior. Lástima haberlo descubierto tan tarde.
    Del mismo modo, pienso que la posibilidad de plantearnos preguntas es constitutivo del ser humano; digamos que la pregunta es la prueba de que el ser humano no está muerto. Y sobre la muerte quiero decir algo luego.
    Carmen, disculpa la ironía, pero enfocar el problema de qué podemos hacer señalando nuestra condición de votantes, constata precisamente nuestra incapacidad para hacer cosas. Se está produciendo el fin de la política y su lugar lo están ocupando los tecnócratas: científicos, economistas, gente que recibe validación social por su supuesta neutralidad ideológica, y que llega al poder para enderezar al pais económicamente. Es decir, los pobres seguirán siendo pobres, los ricos cada vez más ricos y las injusticias sociales aumentarán así como la alienación del ser humano, menudo panorama…
    No podemos reproducir la época de las primeras comunidades cristianas; lo más cercano es hacerse misionero. Vale, me hago misionero y abandono a mi mujer y a mi hijo y a mis padres, que son ya mayores y que se las apañen sin mí, que soy tan buen cristiano que les he dejado atrás para ayudar a unos pobres, dejando tras de mí más pobreza y sufrimiento. Perdón pero yo eso no lo hago y si eso significa que no soy cristiano, muy a gusto dejo de serlo.
    Creo que ya lo comenté en algún comentario, en este siglo que nos ha tocado vivir o tienes mucho dinero y lo utilizas para erradicar algo la pobreza o poco se puede hacer. El dinero manda. Quien pueda que colabore con una mensualidad apadrinando a un niño o cualquier otra ONG o aportando ayuda a Cáritas de algún modo. ¿Qué si no?
    Y todo esto me hace pensar que, tenemos puesta nuestra fe, como dice Josep tantas veces, en un Dios muerto. Y todo esto cuelga de un hilo tan fino como la resurrección porque si no, vana es nuestra fe. Y esto es muy extraño. ¿Puede un Dios ser asesinado?, ¿o se produjo más bien algo así como un suicidio? Las palabras de Jesús indicando que los soldados no saben lo que hacen, quizá signifiquen que, realmente están siendo utilizados como instrumentos de Dios para su propia muerte.
    Pero entonces, ¿la petición de perdón?
    En fin, parece que el cristiano, y perdona la comparación, es algo parecido al hincha del Atleti, uno que sabe del fracaso y es un sufridor sin remedio. Aunque de eso empieza el Barça a saber un poco…😉

  • Iñaki dice:

    Josep, la clave está precisamente en lo que dice Jon Sobrino: él siguió siendo como antes. ¿De qué estamos hablando entonces?, ¿de una respuesta que no sale de nuestra conciencia, de nuestra intimidad porque, en realidad, no puede ir más allá?
    ¿Podemos con sinceridad creernos capaces de transformar el mundo desde nuestra fe?
    Para cambiar algo el mundo a mejor, se me ocurre que mejor licenciarse en Derecho e intentar meter mano desde ahí, quizá algo se pueda hacer…

  • Iñaki dice:

    Una última cosa que seguro tenemos cosas que hacer hoy sábado. ¿No estaremos cometiendo una violencia solapada al esparcir sobre las existencias de hombres y mujeres de hoy la obligación de adoptar una determinada manera de comportamiento cristiano? Si me respondo que si no, no me defina como tal, me pregunto que, más allá de la fe en Jesús que murió en la cruz y en su resurrección como lo compartido por todos con certeza, ¿quien decide unilateralmente dónde está la pobreza (necesidad, limitación, hambre…? Carmen habló en una ocasión de estudiantes depresivos tendentes al suicidio. Es decir, ¿quién decide por el resto de existencias que somos, dónde volcar nuestro amor?
    Por cierto Josep, el libro (la segunda parte) creo que aún no está en las librerías
    Buen fin de semana.

  • Carmen dice:

    Como preámbulo: Buenos días, Iñaki y Josep. Yo “conocí” a Josep algo antes que tú, leí al poco de aparecer la primera parte de la trilogía, y hace ya casi dos años me apunté al curso online de CyJ “¿Existe Dios?…”, esperando que pudieran surgir debates como este. No los hubo, aunque quizá hubiera sido un sitio más adecuado para ello. Como propietario de esta casa-blog, de sus criterios depende la decisión alojarlos o no. A mí me interesan mucho, pero siempre podemos mudarnos si es preciso o tan solo conveniente.
    Y ahora intento responderte en parte, Iñaki. Mencionas en un momento a los “estudiantes depresivos”, pero esa es una categoría “técnica”, propia de la psicopatología, que seguramente tenga un papel que jugar aquí pero, ¿el único?, ¿el fundamental siquiera? Detrás de cada uno de ellos hay una historia, que al menos en parte puede dar razón del comportamiento (que ya hemos clasificado y ¿confiado a manos ajenas?), y que como historia necesita ser narrada; puede que en y por la narración se nos ocurra cómo podemos intervenir, qué responsabilidad nos cabe a cada uno en ella. Así que, “basado en hechos reales” aquí viene una sobre uno de estos chicos: hasta hace poco, había sido “relativamente” mal criado por una madre, familia monoparental extranjera y con pocos contactos en la sociedad madrileña, que se gana la vida limpiando casas; haciendo horas sin fin y con horarios móviles a voluntad de los empleadores, había conseguido la independencia que da tener en alquiler una vivienda para ambos, que su hijo (gracias a una cadena low-cost) vistiera y viviera de forma “aceptable” para sus compañeros de colegio, etc. Pero claro: con la pandemia, muchas casas han prescindido de ella, los alquileres para viviendas como la suya en vez de bajar han subido, y ahora los dos comparten habitación en una casa ajena; además de lo que objetivamente supone en cuanto a calidad de vida, le convierte en presa fácil para comentarios crueles de adolescentes un poco más desquiciados que lo propio de la edad. Su madre, lo que puede percibir en medio de su angustia por la supervivencia, es un comportamiento inusual, que la irrita y abruma. Puede que parezca sacado de un folletín, pero te aseguro que es real como la vida misma. Sin movernos de casa: ¿cómo podemos actuar? Ante todo, con unas condiciones dignas del trabajo de la madre, en lo legislado en cuanto a seguros y salarios y en lo que, sin estarlo, queremos para nosotros en el nuestro: respeto y reconocimiento por el trabajo realizado, y una relación personal que deje la puerta abierta para un conocimiento más allá de lo estrictamente laboral. Defendiendo la necesidad de actuar así, aunque sepamos que puede ser recibido con desagrado por quien se guía más por la ley del mercado. Podemos informar sobre los colectivos de defensa de los derechos que agrupan a personas en situaciones semejantes; o de cómo acceder a recursos públicos o de la sociedad civil. También podemos apoyar las iniciativas que, con mayor o menor fortuna, defienden la intervención pública en la regulación de los precios de alquiler, un sistema educativo que vigile las conductas abusivas… y muchas otras cosas que sin duda sabes. ¿Cuál es la eficacia y la eficiencia de cada una por su parte o de todas en conjunto? Muy escasa, sin lugar a duda. Pero creo que hay dos ganancias indudables: nuestra empleada se sentirá tratada con dignidad, como persona y quizá eso le ayude a seguir con su lucha y a tratar de resolver la situación con su hijo de forma no puramente reactiva; también, nuestra experiencia del mundo, nuestros congéneres y de nosotros mismos, en lo bueno y en lo malo, se habrá enriquecido. Todo lo demás vendrá o no por añadidura.
    Como verás me sigo moviendo en el terreno de los ejemplos simples, y por ello fácilmente descalificables en el plano teórico. Cierto que no podemos reproducir la época de las primeras comunidades cristianas, pero creo que debemos, como ellas hicieron, buscar modos para responder a los desafíos que la nuestra en concreto nos presenta desde la fe en aquel que, antes de terminar en la cruz, pasó por el mundo haciendo el bien. Y creo que esto (cada cual sabrá en qué formas y maneras en concreto), junto con el reconocimiento de nuestra incapacidad radical para lograrlo por nosotros mismos, es condición para llamarse cristiano.

  • Iñaki dice:

    Nada más que agradecimiento Carmen y decirte Josep que eres un balón de oxígeno por decir lo cristiano con una originalidad que se echaba de menos. Gracias a los dos.

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