Mick Fleming: una historia de Navidad

diciembre 25, 2020 § 1 comentario

Mick Fleming fue un duro y violento traficante de drogas. Era el hombre encargado de liquidar las deudas, algo así como un sicario a sueldo de la mafia del lugar. Su padre se dedicaba a limpiar cristales en Burnley, una de las zonas más pobres de Inglaterra. Cuando tenía once años sufrió el abuso sexual de un extraño mientras se dirigía a la escuela. El día que decidió contárselo a sus padres, su hermana de veinte años, algo así como un ángel para él, murió de un ataque al corazón. “Recuerdo el momento de silencio absoluto, al que pronto le sucedieron los gritos de mi madre. Chillaba como un animal.” Mick no pudo soportarlo. Su vida cambió en apenas dos días. Con catorce ya se había iniciado en el tráfico de estupefacientes. “Movía drogas y cobraba deudas. Era bueno en mi trabajo. Hería a la gente, les rompía las piernas o les disparaba, y no me importaba. Hice mucho dinero, pero no había nada glamoroso en ello. Estaba perdido. Nada funcionaba para aliviar mi sufrimiento. La criminalidad era mi mundo. Un amigo murió en una maratón de alcohol a los dieciséis. Otro sufrió una sobredosis de metadona a los diecisiete. Siempre creí en Dios, pero también pensé que Dios no se ocupaba mucho de mí.” Mick tenía una esposa y tres hijos. Pero la madre de Mick tuvo que hacerse cargo de ellos para impedir que interviniesen los servicios sociales. “No quería vivir. No sabía cómo cambiar.”

Eran las diez de la mañana y Mick Fleming, con cuarenta y tres años, esperaba a su próxima víctima con pistola en mano. Le habían encargado saldar una deuda. “Era un día denso y oscuro. Conocía su rutina, todo sobre él. Era un traficante más de drogas, igual que yo. Le vi salir del gimnasio. Pero esta vez fue diferente. Iba con dos niñas pequeñas, rubias, de unos cinco años. En el momento de apretar el gatillo, una de ellas me miró. Y entonces sucedió. No pude disparar. Quedé cegado por la luz que desprendía su cuerpo. Era como mirar al sol y me quedé paralizado.” Mick fue condenado a pasar una larga temporada en la unidad psiquiátrica del hospital de Burnley. “No tenía más que la ropa con la que llegué”. Sin embargo, Mick se sintió como en casa. “Había esquizofrénicos sin tratar, hombres muy enfermos, alcohólicos tremendamente vulnerables. Pero me daban cosas básicas porque veían que yo no tenía nada. Me sentí abrumado.” Fue en el hospital que Mick conoció a Tony, el pastor del centro. Juntos rezaban y, sobre todo, charlaban. Mick volvió a sentir emociones. Comenzó a ayudar a otros. Fue el principio del fin de una vida destrozada. Gracias a un encuentro casual con un profesor de la Universidad de Manchester, comenzó a estudiar teología. Fracasó en su primer año. Pero con disciplina y el apoyo de la universidad consiguió graduarse. Hoy en día Mick es pastor y se dedica a ayudar a quienes más lo necesitan, sobre todo repartiendo comida y solucionando las trabas burocráticas con las que topan quienes apenas saben leer. Está con ellos y junto a ellos. “Los políticos dicen que este coronavirus nos afecta a todos. Es mentira. Si eres pobre, no tienes una oportunidad. Hay una necesidad de dimensiones cósmicas. Personas que trabajan no consiguen llegar a fin de mes. Tenemos médicos voluntarios para aquellos que no pueden acceder a cuidados primarios. Muchos duermen sobre el suelo.” Le piden alimentos, neveras, camas… Mick se encarga de conseguirlo. Más o menos, visita diez hogares al día por semana. “La gente se siente olvidada. No podemos depender de un banco de alimentos. No está bien. Pero sucede. Nunca he visto algo como esto, a esta escala. La pobreza permanece oculta bajo la superficie. Una enorme pobreza.”

Hace diez años, Mick conoció a un alcohólico sin hogar. Le escuchó, le cuidó y le ayudó a recuperar una cierta cordura para que pudiera reunirse con su familia. El hombre murió dos años después. “Nunca le dije a la familia que aquel hombre fue el que me violó siendo un niño. ¿Por qué lo hice? Bueno sabía, que había sido perdonado por mi pasado. No hice lo que él, pero sí otras cosas terribles. Pero fui perdonado.”

Evidentemente, en el día a día, las cosas no son tan gloriosas. Hay mucho gris. Los pobres son también difíciles (y no siempre agradecidos). Pero un Sí de fondo sostiene la entrega de Mick y de tantos otros que trabajan con él. A menudo pienso que hay pocas vocaciones sacerdotales porque se habla demasiado de Dios, cuando se habla, y poco de las vidas de los hombres de Dios. El día en que nació Mick, en 1966, fue también Navidad.

§ Una respuesta a Mick Fleming: una historia de Navidad

  • pilar de la herran dice:

    “se habla, y poco de las vidas de los hombres de Dios”. Desde que te lo oí decir, lo intento transmitir en la ayuda que presto en la pastoral de adolescente pero es muy difícil: tenemos una cultura de “lo mono” y los emoticonos…que lo vanaliza todo

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