clase de química

enero 31, 2021 § 1 comentario

El juego en el que estamos va de juzgar. Juzgar es inevitable. Es lo que hacemos cuando nos preguntamos qué es lo que nos traemos entre manos o tenemos enfrente. ¿De qué se trata? ¿Del amor o del impulso? ¿De la fe o de nuestra fantasía? ¿De la libertad o de una sutil esclavitud? Nada se nos da en estado puro. De ahí que podamos jugar con las palabras. El sofista, como sabemos, siempre pudo decir cualquier cosa de casi cualquier cosa. La cuestión es desde qué lado juzgamos la mezcla. Por lo común, desde el lado del mito, el paradigma, lo puro. Pero donde suponemos que el juego va de arriba a abajo —que el criterio es lo que debe ser o creemos que debe ser—, entonces fácilmente desestimamos la botella a medias. Como si fuésemos unos niños malcriados. Sin embargo, también podemos juzgar de abajo a arriba. En ese caso, lo deshechado es, precisamente, lo puro, lo paradigmático, el ideal. Y es deshechado como ficción. Tan solo un cuerpo con tara es abrazable. La implicación teológica es inmediata. Dios es temido como Dios. De acuerdo. Pero solo puede ser amado como hombre. De ahí que Dios tuviera que hacerse hombre —y esto significa temblar y mear— para que el hombre fuese capaz de abrazar a Dios. O de despreciarlo por defectuoso.

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