a ciegas

diciembre 29, 2022 § Deja un comentario

La imagen de ciegos palpando un elefante —y aquí el elefante es un símil de Dios o, si se prefiere, de lo divino— nos permite entender rápidamente la aparente heterogeneidad, por no decir inconmensurabilidad, de las religiones. Sin embargo, el hallazgo bíblico es que, con respecto a Dios, no hay nada que palpar —nada qué experimentar—, salvo el cuerpo del apestado de Dios con el que Dios se identifica. Y quizá por eso mismo no se trate, estrictamente, de una religión. Al menos, porque el hombre nada puede hacer para acercarse a Dios. —y menos si lo que lo impulsa es participar del fuego de la divinidad. En este sentido, y teniendo en cuenta lo que decíamos antes sobre el apestado de Dios, lo más honesto sería reconocer que Dios en realidad nos repugna. Pues nadie en su sano juicio desea palpar a quien huele mal.

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