hobbesiana
agosto 23, 2023 § Deja un comentario
Hobbes se dio cuenta de que decir que el mundo es Dios equivale a decir que no hay Dios. Ateísmo y panteísmo serían, por tanto, las dos caras de una y la misma moneda. Pues no hacen muchas alforjas para concluir que no hay más allá del todo —ni puede haberlo.
Sin embargo, hay el no-todo, aquello que tuvo que ser desechado, precisamente, como la condición del mundo. Hablamos de un puro haber —de un haber sin mundo—, en definitiva, de la nada, la cual experimentaríamos donde de repente se hicieran un silencio y oscuridad sin resquicio. Incluso si el mundo fuese eterno, la imposible posibilidad de la nada seguiría estando ahí como la continua amenaza del mundo —como el poder del que (de)pende el mundo.
Que esta nada sea la de Dios, como sugiere la mística, nos empuja, cuando menos, a plantear la cuestión de si Dios puede ser algo más que una renuncia de sí en favor del mundo. Y si es así, qué salvación pueden esperar los que sufren el lado oscuro de la trascendencia. Y es que si el mundo es debido al retroceso de Dios —a su no ser nada—, entonces tanto la bendición como la maldición mal son debidos a Dios —a su retroceso a un tiempo anterior a los tiempos. De ahí que el cristianismo, lejos de caer en la ingenuidad, responda que la redención solo puede venir del Hijo del Hombre, una redención que se ofrece como el perdón de Abel a Caín. Y el resto es un esperar contra cualquier sensatez que todo vuelva a empezar en nombre, precisamente, de ese perdón.
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