Hume y Platón —y de paso, unas dosis de Descartes (1)
marzo 8, 2024 § Deja un comentario
La cuestión par excellence de la filosofía es de qué hablamos cuando hablamos de lo que hay. El asunto en modo alguno resulta trivial. Quiero decir que no cabe resolver la cuestión diciendo simplemente que lo que hay son, precisamente, cosas… aun cuando en cierto sentido sea así. Y es que, como veremos, hay cosas porque no solo hay cosas… aun cuando lo que hay más allá de las cosas no sea, literalmente, nada en particular. En definitiva, la cuestión es cómo cabe pensar el haber del haber de las cosas.
De hecho, es el mismo lenguaje el que nos da la pista de la dificultad… siempre y cuando la referencia a lo real se diga como un decir algo de algo (y es que el asunto sería probablemente muy distinto si no dijéramos el árbol es verde, pongamos por caso, sino el verde verdea en el árbol, esto es, si el lenguaje no pivotara en torno al sujeto). Obviamente, el problema apunta, precisamente, al de algo. Y es que la pregunta es, precisamente, qué es ese algo del que decimos que es así o asá… al margen de la atribución. Es decir, de qué hablamos cuado hablamos de ese algo en cuanto tal o en sí mismo. La cuesta comienza a empinarse cuando caemos en la cuenta de que, al margen de la atribución, el algo como tal no puede ofrecerse, por defecto, como algo en particularo determinado. Y esto está muy cerca de decir que no es nada. Al margen del haber de las cosas, no hay nada (y acaso baste con tomarse esta afirmación al pie de la letra para, cuando menos, intuir su alcance). De otro modo, en sí mismo o como tal, el algo —la sustancia, en términos de Hume, aunque no solo de Hume— no aparece o se hace presente a una sensibilidad. No percibimos —ni cabe percibir— el algo en cuanto tal. La pregunta es si, con todo, podemos pensarlo —y pensarlo en los términos de un haber.
Estamos, obviamente, en un territorio más allá de la física —en el territorio de la metafísica. La cuestión será, por tanto, si ese algo es real o simplemente una ficción de la mente, un trampantojo lingüístico. De hecho, y en gran medida, podríamos decir que la operación de la Modernidad consiste en desmontar las pretensiones de la metafísica —y de paso, la pretensión creyente. El metafísico, dirá el moderno, se inventa el problema. Al menos, porque con respecto al algo en cuanto tal —con respecto al lo que hay más allá del ente— no hay nada de lo que hablar… precisamente, porque no hay nada que ver. Y, como dirá Wittgenstein, de lo que no se puede hablar, más vale guardar silencio.
Hume defenderá, como sabemos, que la idea de sustancia es un constructo mental —una ficción útil—, el resultado de integrar sensaciones de diferente orden. Si nuestra mente funcionara de otro modo —por ejemplo, si fuese incapaz de integrar el tacto y la visión— el mundo sería muy distinto. En cambio, Platón —la Antigüedad, en general— pensará de otro modo la escisión que implica la atribución de una serie de rasgos a un algo. Y la pensará de otro modo porque, para Platón, el punto de partida del pensar es el haber de las cosas y no nuestra representación de las cosas que hay. Es decir, la cuestión no será, como lo fue para Descartes y los que le siguieron, hasta qué punto cabe asegurar, sin ningún genero de duda, la verdad de nuestras representaciones del mundo, sino en qué consiste que haya algo y no más bien nada. En la Antigüedad, la actitud fundamental que sostuvo la actividad del pensar no fue la de la sospecha, sino la del asombro… a pesar de que la sospecha de algún modo también estuvo ahí desde el principio. Pues el asombro, tarde o temprano, nos obliga a poner en suspenso las pretensiones de verdad de lo que se dice , esto es, de la opinión. Al menos, porque la opinión —un hablar por hablar— solo es posible una vez hemos dejado atrás el motivo del asombro. Las opiniones cambian. No, lo que provoca nuestro estupor. O mejor, extrañeza. Y es que acaso sea la posibilidad de caer en la extrañeza, esa mezcla de fascinación y pasmo, lo que hace de nosotros, a diferencia de los simios, unos extraños.
Seguiremos en un próximo post.
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