línea de salida
agosto 19, 2024 § Deja un comentario
A la hora de plantear la cuestión del saber —de qué hablamos cuando hablamos de lo real— podemos situarnos en dos posiciones: la de quien ocupa el lugar de un Dios omnisciente —esta sería la posición del sujeto de la teoría— y la de quien se sitúa en el centro de la existencia como aquel que se encuentra expuesto a la desmesura de lo que le supera , es decir, a lo otro por defecto. Son dos posiciones que responden a dos actitudes diferentes. Por un lado, tendríamos la pretensión de dominio —vita activa—; por otro, el sentido de una dependencia fundamental que sostiene, en el fondo, la vita contemplativa.
¿Cuál de las posiciones —la de la ciencia y la de la espiritualidad— nos permitiría responder adecuadamente a la pregunta acerca de lo que hay en verdad? En principio, la muerte, en tanto que irreparable, sería el índice de nuestra finitud. Y quien dice finitud, dice exposición. Donde la vida se nos ha dado dentro de un plazo, la posición dominante es, por tanto, la de la espiritualidad. Ahora bien, ¿es posible que la técnica consiga eliminar la muerte como horizonte? La posibilidad de detener el envejecimiento celular, de clonar nuestros cuerpos —jóvenes, se supone— y, en definitiva, de trasladar la mente de un cerebro a otro suprime el misterio. Desde la perspectiva científica, no hay nada que sea esencialmente misterioso o extraño —nada en definitiva otro. A lo sumo, el misterio se entiende como reto —como lo aún por descubrir o asimilar.
La operación de Nietzsche es enormemente lúcida. Pues, a pesar de su filobiologismo, Nietzsche —quizá también como heredero del romanticismo alemán— conservó un sentido de la trascendencia… el cual se expresa en la convicción de que, tras la muerte de Dios, el hombre será superado. En este sentido, la relación del superhombre con el hombre sería análoga a la del hombre con el simio. Ahora bien, para comprender qué significa que el hombre sea superado hay que tener presente que, tras la muerte de Dios, el espacio de la trascendencia es ocupado por la técnica, cuyo mandato básico es si puede hacerse, debe hacerse. De este modo, el superhombre termina siendo un títere de la voluntad de poder que se realiza en la técnica… lo que le convierte en, literalmente, un idiota, alguien incapaz de salir de sí mismo. De ahí que su única resistencia al imperio sea ponerse a bailar. Sea sobre un campo de amapolas o de una montaña de cadáveres.
Deja un comentario