santa monstruosidad

octubre 22, 2024 § Deja un comentario

Escribe Nietzsche (cito de memoria): no te enfrentes a los monstruos, para que no te conviertas en un monstruo; y si mirases al abismo, el abismo te devolvería la mirada. ¿Tendríamos aquí un esbozo de lo que implica la alteridad de un puro ahí? ¿Podríamos pasar de largo si, de repente, se hiciese la más completa oscuridad y silencio? ¿Como si nada sucediera? Al contrario: es cuando nada sucede —literalmente, cuando acontece la nada— que topamos de bruces con lo que significa existir. Y no porque se nos proporcione, precisamente, un significado.

Nietzsche dice lo que dice. Pero ¿qué fue lo que dijo Israel? Ante el puro ahí, el heme aquí de Abraham. ¿Acaso Israel no comprendió, antes que Nietzsche y a costa de mucho sufrimiento, que lo verdaderamente monstruoso o abismal no es lo gigantesco, sino el silencio de Dios? ¿Y que solo el estar ante este silencio nos hace caer en la cuenta de nuestra hermandad? Puede que la voluntad de Dios sea la que se desprende, en definitiva, de su extrema trascendencia. De Dios, es decir, debida a la radical alteridad de Dios. Y ello hasta el punto de que no cabe obedecer a Dios, si no nos enfrentamos a Dios. Esto es, a su silencio más letal.

De ahí que, frente a las lecturasnaïve, la santidad sea en realidad monstruosa… si es cierto que uno se convierte en el monstruo al que se enfrenta.

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