el precio de la reflexión
diciembre 12, 2024 § 2 comentarios
Vivir sometidos al deseo significa que no hay otro horizonte que el de su realización. La situación es parecida a la de los niños que juegan pegados al balón. Sin embargo, también podemos reflexionar sobre la relación con nuestro deseo. En ese momento, tomamos una cierta distancia con respecto a lo dado… hasta el punto de caer en la cuenta de que ningún deseo es, propiamente, nuestro. Como si fuera un implante. Quizá Homero no anduviera tan desencaminado al dar por descontado que éramos títeres de poderes que nos sobrepasaban por entero. El descubrimiento de la interioridad, el cual no es independiente del socrático volver sobre uno mismo desde el espíritu de la sospecha de sí, fue un arma de doble filo. Pues hizo posible que nos apropiásemos, ingenuamente, de los poderes que, de manera espontánea, atribuimos a los dioses. Esta apropiación es, de hecho, un error. Al menos, porque nos dificulta una mejor comprensión de quienes somos, en definitiva, de nuestra condición de extraños.
La cuestión, sin embargo, es hasta qué punto cabe incorporar los resultados del examen de sí. No es fácil. Pues el cuerpo reclama —y poderosamente— sus derechos. Puede que no sea casual que madurez y sabiduría vayan de la mano. El problema de los tiempos actuales es que tampoco facilitan el marco simbólico para poder madurar. Así, fácilmente llegamos a los cincuenta… sin haber salido aún del supermercado. Como si el lugar de la aparición lo hubiese ocupado el anuncio. De ahí que cuanto mayor sea nuestro dominio tecnológico del mundo, menor sea nuestra profundidad. Al fin y al cabo, la superación de lo humano que pronosticó Nietzsche consiste en ponerse al servicio de una impersonal voluntad de dominio, cuyo principio rector es que debemos llevar a cabo cuanto se presenta como posible.
Alexandre Kojève, enorme lector de Hegel, pero también de Nietzsche, no regó fuera de tiesto al decir que no deberíamos desestimar la posibilidad de que el superhombre fuese un perfecto imbécil. Aunque, de hecho, Kojève no se refirió, estrictamente, a una posibilidad.
..como si hubiera una contradicción entre la idea de la superación de lo humano y la pérdida de profundidad en nuestra condición humana.
…mencionar cómo la sociedad actual puede perpetuar esta falta de profundidad al priorizar la tecnología y la información sobre la introspección y la reflexión.
Acertadísima y asombrosa reflexión. Muchas gracias por ella Josep.
Una cuestión bibliográfica, confírmame por favor si la intuición de la que hablas de Homero se encuentra en sus dos obras o más en una que en otra y, en cuanto a Kojeve, te refieres a su Introducción a la lectura de Hegel, a su curso que impartió sobre la fenomenología del espíritu.
Te reitero las gracias por esa profunda reflexión acerca del necesario distanciamiento de «nuestros» deseos si queremos alcanzar la madurez pero, y a su vez, tomando conciencia de que el abuso del autoconocimiento socrático, de la interioridad abusiva nos aleja de la fragilidad verdadera que somos estando siempre a la expectativa de lo que nos viene encima estando a la intemperie y con poco margen de maniobra.