extremos
febrero 11, 2025 § Deja un comentario
Una situación extrema es una situación final, esto es, aquella en la que se decide el sí o el no de nuestra entera existencia. Es decir, sin ambigüedad. Pues, en principio, todo cuanto nos traemos cotidianamente entre manos es mezcla —y no terminamos de saber cuál es la debida proporción. Por ejemplo, no hay amor sin celos. Quien pretenda un amor en el que no haya rastro de posesión lo que no obtendrá será, precisamente, amor. Y por eso mismo —porque todo es mezcla— nunca terminamos de saber hasta qué punto el amor es en verdad amor. O mejor dicho, hasta qué punto pesa más el amor que su contrario. Estrictamente, eso está por ver. De ahí lo que decíamos sobre las situaciones extremas o finales.
Sin embargo, ¿acaso no sería preferible que la ambigüedad no se resolviese? Y no solo porque las situaciones finales sean, de hecho, insufribles, sino porque el amor, de resolverse como solo amor, dejaría de hacerse presente como tal. Nada es que no incorpore unas dosis de su contrario.
Ahora bien, esta objeción únicamente puede plantearse sobre el papel. Pues presupone que la resolución se limitaría a constatar la sustitución de un amor impuro por uno sin tara. Pero nadie dijo que el sí o el no se nos impusiera de este modo. Más bien lo que sucede es que el amor se sobrepone a aquello que lo niega. Es decir, que se sale con la suya —que gana o vence. Propiamente, estaríamos ante una superación de la ambigüedad… en el sentido hegeliano de la expresión, a saber, aquella que conserva en su seno lo superado. Por eso, tampoco cabe comprender el momento decisivo o final al margen de la historia que hay detrás.
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