Neptuno
febrero 12, 2025 § Deja un comentario
La espiritualidad apunta por definición a lo profundo de la existencia. Hay, por tanto, dos planos: el de la superficie y el abisal. En la superficie todo es inercia, mapa mental, reacción, sombras. Esclavitud. El trayecto hacia la profundidad —toda elevación— comienza con un desmentido, una objeción a la totalidad, en definitiva, con una caída del caballo.
La cuestión es qué hallamos en lo profundo. Muchos, hoy en día, creen que algo así como una energía nutricia o incluso un océano. Pero de ser así se trataría de un saber —de una gnosis—, aunque hipotético. En cambio, los tiros de la tradición cristiana apuntan en otra dirección. Pues lo más profundo no es la afirmación sorprendente, la iluminación, sino la interrogación, aquella que nos mantiene en suspenso y aguardando: qué vida pueden esperar quienes no pudieron seguir con vida debido a nuestra impiedad. En el primer caso, la respuesta pasa por un aprendizaje. En el segundo, por un clamar en el desierto. En el primero, la solución es la sustancia. En el segundo, lo imposible. No da la impresión de que se trate de lo mismo.
Deja un comentario