profecías

mayo 31, 2025 § Deja un comentario

Con la declaración de la muerte de Dios, Nietzsche actuó, es un decir, a la manera de un sofista, esto es, de un prestigitador del lenguaje. Me refiero al hecho de que poniendo el foco sobre la imposibilidad actual de seguir creyendo en el Dios de la tradición cristiana, lo que alejaba de la mirada del espectador era el hecho de que la voluntad de poder ocupaba el lugar de Dios. Pues, si Dios es el nombre del exceso al que nos hallamos sometidos por completo, entonces Nietzsche no hizo otra cosa —también, como quien dice— que sustituir un Dios por otro. Pues me parece evidente que nos hemos convertido en los títeres de una dinámica cuyo principio es si puede hacerse, debe hacerse. La única salida, según Nietzsche, es la que sintetiza la figura del superhombre: ponerse a bailar más allá de Bien y el Mal. Esto es, siendo indiferente si es sobre las cenizas de los gaseados o entre amapolas. El lema sería si no puedes contra ellos, únete a ellos —y aquí el ellos es la voluntad de poder.

Es cierto que algo de esto también se encuentra en la Biblia. Pues la luz y la oscuridad son debidas, precisamente, a la extrema trascendencia de Yavhé. Basta con leer el libro de Job o Is 45, 7 para caer en la cuenta. Sin embargo, lo que Moisés dedujo de su haber visto a Dios cara a cara —de su enfrentarse a Dios— es el deber de la fraternidad. Ante Dios, es decir, frente a Dios o sucumbimos, o damos de beber al sediento. Y por eso mismo, este mandamiento es de Dios. En realidad, cristianamente, Dios no tiene otro presente que su hacerse presente en el hombre de Dios que permanece fiel a Dios donde Dios en sí mismo se revela como la nada de Dios —o siendo más estrictos, como el aún nadie.

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