el verso y la glosa
diciembre 12, 2025 § Deja un comentario
Hay un verso de Hölderlin que dice, más o menos, así: Perdónanos, Platón: te hemos traicionado. Así, leído como quien no quiere la cosa, no diríamos que estemos ante un gran verso. No hay giros, sorpresas semánticas, metáforas afortunadas. Es demasiado simple… hasta el punto de parecernos una boutade, una ocurrencia. Sin embargo, la profundidad de este verso resulta estremecedora… pàra quien sepa que pensó el que tuvo las espaldas anchas. Pues basta con imaginar que alguien nos dijera, precisamente, esto: hemos traicionado a Platón. Y nos lo dijera con esa sencilla gravedad que confiere a las palabras el peso de lo verdadero. El efecto emocional sería parecido al que experimentaría un creyente judío que cayera en la cuenta de que es posible que, sus antepasados, hubiesen crucificado realmente al Mesías, y no únicamente a un impostor.
Quizá fuese por este motivo que Platón desconfiase de la escritura. Pues, probablemente, la verdad —mejor dicho, nuestro compromiso con ella— necesita de una voz. Dar la palabra por escrito es darla sobre un papel. Y los papeles, tarde o temprano, terminan cogiendo humedad. Aunque también fue consciente de que, para conservar la voz de Sócrates y tras la desaparición de los rapsodas, era necesario glosarla a través de, precisamente, la escritura.
El posible que, cerca del final, topemos con lo verdadero, a pesar de su carácter paradójico o extraño. Pero también lo más probable es que nadie lo entienda. Y no porque sea complicado o difícil de entender, sino porque lo obvio es, por defecto, lo obviado.
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