meditaciones cartesianas 25

enero 31, 2026 § Deja un comentario

Dice Descartes, a propósito de la duda que apunta a la razón: bien pudiera ser que 2+2 = 5… aun cuando no pueda concebirlo. Y no puedo concebirlo porque 4, propiamente, no es un resultado, no se deriva de 2+2. Al decir 4 solo estamos explicitando —o diciendo de manera simplificada— lo que ya decimos al decir 2+2. No puedo concebir que sea de otro modo. Al decir 2+2 ya estoy diciendo 4. O, por poner otro ejemplo, si digo Sócrates es mortal porque doy por hecho que todos los hombres son mortales y Sócrates es humano no estoy diciendo nada que no haya ya dicho al decir estas dos últimas frases. Esto es, en una deducción lógica, la conclusión no se añade a las premisas —no dice nada nuevo.

Por tanto, al poner en duda la razón como fuente de certeza, Descartes nos está diciendo que la suma de dos manzanas y dos manzanas podría significar cinco manzanas (y no cuatro). Y si podría significar, podría ser… lo que supondría que lo imposible irrumpe, como acontecimiento, en el curso de lo lógicamente anticipable. Descartes, al poner encima de la mesa la posibilidad de que lo real sea, precisamente, lo absurdo, por no decir el caos, no hace otra cosa que romper el orden del significado y, con ello, la equivalencia entre ser y pensar. Así, podría ser que todos los hombres fuesen mortales y que Sócrates, siendo humano, inmortal. Podría ser que el gato estuviera vivo y muerto. La exterioridad podría no ser racional.

La única posibilidad de anular la posibilidad de lo imposible —la posibilidad de un afuera irracional— pasa por encontrar una idea cuyo significado cancele dicha posibilidad… sin abandonar el plano de la correción lógica, esto es, sin presuponer que dicha correción es, a su vez, verdadera. Como es sabido, en las Meditaciones esta idea clave es la idea de DIos. La posibilidad de que sea lo inconcebible queda abortada una vez entiendo que el envés de la certeza de sí, en tanto que se impone como una certeza de la propia finitud, es la realidad de lo que, precisamente, la niega: la existencia de lo no-finito, esto es, de lo absolutamente otro o distinto de lo finito. Y queda abortada porque lo no-finito no puede ser irracional… en tanto que es uno. En lo uno, no hay un Y de por medio… tal y como exige cualquier contradicción: el gato está vivo Y muerto.

Decir existo mientras pienso equivale, por tanto, a decir Dios existe —y no porque se trate, en cada caso, de la misma realidad. Dios, en tanto que infinito, es el envés del cogito. Esto es, Dios pertenece al significado del cogito, pero no solo como significado, sino como realidad —la realidad de lo absolutamente otro. Al demostrar la existencia de Dios como solidaria de la existencia del cogito, la cual se encuentra limitada por la duración del pensar, lo que Descartes demuestra es que lo imposible por racionalmente inconcebible no es posible. Y lo demuestra al mostrar cómo el significado de la noción de Dios —teniendo en cuenta que es uno y, por eso mismo, no contradictorio—, consigue, como quien dice, saltar fuera del plano del mero significado. Así, la razón queda legitimada no solo como criterio de corrección, sino también como criterio de verdad. Al demostrar la existencia de Dios, Descartes restaura el orden del significado —la equivalencia entre ser y pensar— que la duda había puesto contra las cuerdas.

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