creencia e interiorización

febrero 11, 2026 § Deja un comentario

Creer no consiste, exactamente, en permaneces pegados a la creencia. Y permanecemos pegados a la creencia cuando damos por sentado, por ejemplo, que Dios no espera con los brazos abiertos tras la muerte. En este sentido, la creencia a la que permanecemos pegados es el mapa mental que, habiéndolo interiorizado, nos facilita una orientación, un saber a qué atenernos.

Sin embargo, la fe —o la esperanza que constituye su envés— no se sostiene sobre un mapa mental. Pues el momento de la fe es aquel en el que los mapas mentales han sido hechos trizas. Ese momento es, literalmente, un momento crucial. De hecho, la esperanza nunca se nos dio como saber. Ni siquiera hipotético. Creemos. Esto es, confíamos. Y no porque sí, sino porque hemos sido testigos del acontecimiento de un perdón donde no cabía ningún perdón. O, en su defecto, porque nos fiamos de quienes han dado testimonio.

El nihilista, en cambio, no espera nada. El acontecimiento, sencillamente, caerá en saco roto. Sin embargo, frente a esta desesperanza, el creyente no cuenta con una previsión. En su lugar, un no debe caer en saco roto en nombre de. No es lo mismo. La genuina esperanza siempre anduvo sobre la cuerda floja. Aunque sea firmemente. La interiorización de la esperanza siempre dependió del tener presente las historias que hay tras las fórmulas de la fe, no de lo psíquicamente conveniente.

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