del fariseo y el publicano, una vez más

marzo 3, 2026 § Deja un comentario

¿Es posible que el fariseo leyera Lc 18, 9-14 y no se reconociese? Quizá lo podríamos dar por descontado. Pues la hipocresía farisaica encuentra su base en una creencia sincera. La buena gente —y los fariseos, conviene recordarlo, fueron buena gente— ¿acaso no se siente satisfecha de pertenecer a su mundo? En ese mundo, todo cuadra. Sin embargo, no hubo ningún mundo para el cobrador de impuestos. ¿Ese hijo de puta arrepentido estuvo más cerca de Dios? ¿Va en serio? Es como si, hoy en día, el enviado nos dijera que el SS que, sepultado por el espíritu de sus víctimas, clamaba por Dios se hallaba justamente ante Dios —y no los fieles que cantan el agermanats como si el pasar de largo no fuera con ellos. ¿Aún no hemos comprendido que la fe es el paso al frente de los desencajados, de los que ni siquiera pueden sentir un Dios de su parte? ¿Acaso las celebraciones cristianas no comienzan con la confesión de la propia indignidad? ¿O es que esta confesión no significa que la legitimidad de dichas celebraciones depende de que nos identifiquemos, precisamente, con los desencajados?

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