Kant, en plan práctico (6)

marzo 22, 2026 § Deja un comentario

Quien le pone fuerza de voluntad siempre parte de un motivo concreto y, por eso mismo, heterónomo. Así, pongamos por caso, el heroinómano que quiere desengancharse por su hija —porque siente que ella no debería tener un padre enganchado. Sin embargo, que esto sea así ¿no invalida el que debamos tratar al otro como fin en sí mismo y no como medio? Que el heroinómano quiera desengancharse —y no simplemente quisiera— ¿no depende, en este caso, de un sentimiento —la vergüenza que siente de sí mismo ante su hija— que tanto podría tener… como no tenerlo?

La clave del asunto pasa por tener en cuenta que, tarde o temprano, el motivo inicial desaparecerá, sobre todo cuando la cuesta se ponga muy empinada. Cuando esto suceda, ese por ti solo podrá realizarse como un desengancharse por desengancharse. Es decir, cuando el motivo que nos impulsó inicialmente se disuelva como azúcar en el café ante la dificultad. De ahí que la libertad vaya unida a la promesa: quiero desengancharme, esto es, te prometo que no cederé a la tentación de dejarlo estar. La libertad es dura.

Y, por esto mismo, que la libertad y la felicidad —la satisfacción que también supone— sean dos caras de la misma moneda es algo que está por ver. Aunque debe ser así. Pues, tanto una como la otra, se entienden del mismo modo: hacer lo que uno quiere, lo que, conviene recordarlo, no equivale a hacer lo que a uno le apetezca o desee. Lo que está por ver es, de hecho, la satisfacción de sí que va con la felicidad.

PS: La versión cristiana de lo anterior salta a la vista donde tenemos presente que el creyente da de comer al hambriento en nombre de DIos—y no, o no solo, movido por el sentimiento de compasión—… en aquellas situaciones donde, precisamente, no parece que haya Dios —esto es, donde no siente su presencia.

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