dos maneras
abril 24, 2026 § 2 comentarios
Hay dos espiritualidades, por así decirlo: la de quien padece la distancia y la de quien se siente formando parte. Con la primera nos enfrentamos a Dios, a su silencio mortal. Es la espiritualidad de Israel, la de la Ley y la Gracia. Ambas, en nombre de Dios. Esto es, en su lugar —y no porque Dios dicte la Ley o arroje la Gracia como si fuese lluvia. Moisés no fue un abducido. Con la segunda, la vida se vive como ser vivido. En términos generales, podríamos decir que es la de los espiritus de los bosques —no siempre amigables—, de las buenas vibraciones, de los océanos. La primer sería masculina, como quien dice. La segunda, femenina. Si es que se me permite coger el rotulador grueso.
Más aún: solo la primera admite la reflexión, en su sentido más estricto, el de un volver sobre lo dado para ponerlo contra las cuerdas. Y es que poca reflexión —poco extrañamiento— puede haber donde nos sentimos integrados. Aunque el extrañamiento de Israel, su inquietud por la verdad, fue antes el resultado del sufrimiento que tuvo que soportar que el del ocio. Y, ya de paso, nos podríamos preguntar si la segunda espiritualidad no es la que Israel entendió como paganismo.
Sigo atentamente este blog.
No acabo de saber como encajar en la dicotomia interpelación / fusión (no se si lo resumo bien, hoy sale como distancia/formando parte) Si me obligan a escojer me decantaria por una espiritualidad basada en la interpelación, però me parece que hay más aspectos. Por ejemplo, en un barrio, ciertamente hay la indignación ante la injusticia, la lucha… pero tambien la alegria de la fiesta compartida; o ante una persona sin hogar, destrozada,…lo primero es la interpelación, el posicionamiento, pero tambien hay la alegria de la charla compartida, o la comida cuando tienes la suerte de ser invitado…
Como dice un texto de Moltman que me ha acompañado desde los años 70 «el existir-para-otro no es ni lo ultimo, ni el objetivo, ni siquiera la libertad misma. Es el camino, eso si el único camino, que conduce al existir-con-los-otros»
Quizá sean asuntos distintos. Pues la Gracia —la experiencia del don— no le esta vetada al «arrancado». Al contrario. Pues todo nos ha sido dado desde el paso atrás de Dios, por así decirlo. De ahí la importancia de contraponer la experiencia genuina de la Gracia, la cual es indisociable de la de los horrores de la historia, de la de su simulacro, la que Bonhoeffer denominó «gracia barata».